Viaje sin equipaje

Por: Mariana Pérez Sarquís

“¿Qué película quieres ver?”, “Mmm… ¡¡Aladino!!” dijo mi hijo de 6 años cuando nos disponíamos a tener una tarde de películas y palomitas, “¡Ah!, La de mis paisanos” respondí “¿Cómo que tus paisanos?, ¿qué es eso?”, “Paisano se le llama a las personas que son de un mismo lugar, de un mismo pueblo o país y aunque yo no nací en el mismo lugar que Aladino, mi bisabuelo sí, así que todavía podemos decir que somos paisanos” dije juguetona “Pero como es que nosotros vivimos en México”, “Ah!, ¿quieres saber la historia?, pues te lo voy a contar…”

Hace muchos, muchos años en El Líbano, que es un país árabe, había un niño que se llamaba Asaad Risk. Asaad sabía hablar árabe, pues es el idioma del país, y también francés, ya que en esa época el Líbano era colonia Francesa, a su papá le importaba que Asaad tuviera una buena educación así que lo inscribió en un colegio de padres Dominicos donde también le enseñaron a hablar italiano y latín. Cuando cumplió los 15 años entró a trabajar cuidando Caballos Pura Sangre, que son una raza de caballos muy caros y un día, mientras trabajaba se le escaparon. Le dio mucho miedo volver a su casa pues su papá lo iba a regañar muchísimo, así que se escapó. Huyó hacia Egipto pues sabía que ahí, su padre tenía un primo que podría ayudarlo. El primo trabajaba para La Legión Extranjera, que es un ejército francés, y le pidió que lo ayudara a enlistarse, como era menor de edad debían pedir autorización a sus padres, así que les escribieron una carta pidiéndoles permiso. Ellos le negaron el permiso y dijeron que si quería enlistarse en el ejército, debía ser el de su país. Asaad estaba muy enojado, no quería regresar a su casa y sin tener muy claro que haría con su vida, se embarcó en un carguero que lo llevó a Marsella, que es un puerto muy importante en Francia. Como no tenía dinero, empezó a trabajar apoyándose en lo que mejor sabía hacer, hablar en diferentes idiomas, así que fue muy solicitado trabajando en el puerto escribiendo y traduciendo cartas.
Por un tiempo fue escribano y traductor y así se enteró de que existía un país del otro lado del mar que se llamaba Venezuela, era un país rico en petróleo y pensó que debía ir para hacer fortuna y poder regresar a su tierra como un hombre rico y próspero. Solo que existían dos problemas, el primero, Asaad no tenía suficiente dinero para llegar hasta Venezuela y segundo no tenía pasaporte. El primer problema lo resolvió comprando un viaje solo hasta Nueva York, pero el segundo problema era más difícil de resolver pues era menor de edad y no podía hacer el trámite por su cuenta, pero él estaba decidido a tomar ese barco a como diera lugar, así que una tarde después de trabajar buscó a un hombre que vendía ese tipo de documentos y le compró un pasaporte con otro nombre, Asaad abrió el documento para conocer el nombre con el que todos lo conoceríamos el resto de su vida: Félix Sarquís.
Félix (antes Asaad) pudo tomar el barco y llegó a Nueva York donde aprendió inglés y como en Marsella, trabajó un tiempo en la traducción de cartas, así ahorró y un buen día tomó el barco que lo llevaría a Venezuela. El barco hizo escala en Cuba y cuentan que entre Cuba y México aprendió a hablar español, lo cual no fue muy difícil porque ya sabía italiano, latín y francés. El barco llegó a Veracruz, y cuando Félix salió a cubierta para contemplar el paisaje sintió un brinco en el corazón, pues esta tierra era igualita a la suya, las palmeras, el clima, así que se bajó del barco y decidió quedarse.
La ruta del ferrocarril México- Veracruz tenía algunos años de haber sido inaugurada y los trabajos de reparación y mantenimiento estaban en pleno apogeo así que entró a trabajar a los ferrocarriles. En sus recorridos, llegó junto con un grupo de hombres a un cruce de vías y decidieron establecerse en el lugar. Bautizaron al pueblo como Tierra Blanca, Veracruz, a la fecha su nombre está escrito en letras de oro como parte de los fundadores del lugar. Ahí conoció a Cuca Carriedo, que era hija de uno de los carpinteros del ferrocarril y en 1899 se casó con ella. Dejó los ferrocarriles y puso una tienda que vendía desde clavos hasta manteles hechos a mano por su mujer y una vez por semana cargaba su carreta y recorría los pueblos vecinos vendiendo su mercancía, dicen que hizo mucho dinero y que tenía su fortuna en centenarios. Cuando creyó que ya tenía suficiente para regresar al Líbano a presumir su riqueza, se embarcó hacia Europa dejando (con la promesa de volver) a su esposa y a sus dos primeros hijos, pero llegando a Nueva York pensó que no valía la pena dejar a su familia y decidió regresar.
Félix siguió trabajando en su tienda y por ahí de principios de 1910 llegó al pueblo un judío prometiendo inversiones muy buenas y seguras, Félix le entregó gran parte de su capital y al poco tiempo estalló la Revolución y perdió todo su dinero. Fueron tiempos difíciles pues todo escaseaba, trató de mantener surtida su tienda racionando los productos y viajando al puerto para conseguir más. Cuando terminó la Revolución las cosas mejoraron poco a poco y pudo recuperarse hasta volver a ser el próspero comerciante que era.
Félix tuvo otros tres hijos con Cuca, el último es mi abuelo, que también se llamó Félix. Fue un hombre muy revolucionario para su época, era muy culto, le gustaba mucho leer, y para esos años ya sabía hablar 6 idiomas. El creía que las mujeres también tenían que estudiar, así que desde chicos mandaba a todos sus hijos a estudiar a internados en la Ciudad de México para garantizar su buena educación.
Ah! Pero en su historia también hay un toque de telenovela, cuando su quinto hijo (mi abuelo) tenía 9 meses, Cuca enfermó de gravedad y murió. La cuñada, hermana de Cuca, se llamaba María y estaba casada con un hombre que trabajaba en la reparación de las vías del ferrocarril que a causa de un accidente de trabajo también murió. María quedó sola y sin hijos así que empezó a ayudarle a su cuñado a cuidar a los niños, Félix, muy conciente de la moralidad de la época le dijo –María, vámonos casando, no vaya a ser que la gente empiece a murmurar-, así que se casaron y tuvieron otros dos hijos.
Félix nunca volvió a su país natal, vivió en el lugar que adoptó, Tierra Blanca, Veracruz hasta que sus hijos, que se fueron estableciendo en México, se lo llevaron a vivir al DF.
Yo no lo conocí, pero mi mamá sí y dice que en sus últimos años era un abuelo cariñoso y que nunca perdió el acento árabe; todos los domingos les daba una moneda y les decía –Majita, ándate a comprar un caramelo-
A la fecha se le recuerda con cariño cada año en una comida en donde se reúne toda su descendencia que ya pasa los 200 integrantes, se cuentan anécdotas y se come hasta el hartazgo kipe, tabule, jocoque, garbanza, arroz con lentejas y deliciosos dulces árabes. En esta reunión se celebra la vida de un hombre que no solo cambió su nombre, cambió de país, de profesión, de vida y con su empuje y decisión puso un granito de arena para el desarrollo de México, su tierra adoptiva, en una época de dificultades pero también de franco crecimiento y desarrollo…
Cuando terminé la historia mi hijo me miraba sin parpadear, las palomitas ya se habían terminado y ya no parecía tener ganas de ver la película, así que tomé un álbum de fotos y le enseñé algunas fotos que conservo del abuelo Félix y de sus hijos.
Creo que ese día los dos aprendimos cosas, mi hijo aprendió qué significa la palabra “paisano” y mejor que eso conoció parte de la historia de su familia y solo espero que con el tiempo asimile también lo que yo aprendí: primero, lo importante que es dar pasos firmes en nuestras decisiones, segundo, lo necesaria que es la educación y la buena preparación y cultura… y tercero, fue aprender del ejemplo de un hombre que amó a una tierra que no fue suya por nacimiento pero sí por decisión propia, un México que lo acogió, que le dio trabajo, mujer, hijos, negocio, amigos y prosperidad, una tierra generosa que espera que cada Mexicano haga lo que tenga que hacer para lograr un mejor país para nuestra descendencia de 200 integrantes… o más.
Fin

0 Comentarios

Comentarios en RSS

Dejar un comentario

HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>