Palabras de despedida

Por Ricardo Rivas Fonseca

Egresado del Instituto Ovalle Monday, Colegio del Tepeyac y de la UAM-X. Obtuvo dos menciones Honoríficas, una en el Concurso de frases de la Fundación Mexicana para el Fomento de la Lectura y otra en el Concurso de Cartel del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Tiene dos Diplomados, uno en Creatividad Publicitaria y otro en Comunicaciones de Mercadotecnia. Publicó caricaturas culturales en el periódico El Universal y pintó un mural para la estación de Rock 101. Para el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, escribió el guión del video para la Feria del Libro en Alemania. Fue coordinador de la sección de literatura en el programa Entre Laberintos de la estación de Radio Cambio 1440 AM.


Cada despedida tiene sus propias palabras. Por ejemplo, tenemos la Buena Onda, la “X” o la de Fin de Año.
En las primeras se usan las palabras “que te vaya bien”, “suerte” “que seas feliz”; en las segundas, “me vale gorro”, “no eres tú, soy yo” y “qué bueno qué se va”; y en las ultimas, “gracias”, “perdón” y “adiós”.
Sin embargo, hay otras despedidas que no tienen nombre y que las palabras no concuerdan entre sí. Tal es el caso de la despedida protagonizada por Leticia y yo.
Ella siempre me gustó, fue compañera de prepa cuando teníamos 15-16 Era una chava que despedía luz, irradiaba buena vibra. Su pelo güero, como el sol, despedía brillo, además olía riquísimo.
Los dos coincidimos en la materia de Español, mismo horario, salón y día. En esa clase, el titular era literalmente Español, era de Madrid. Por su acento, los loa alumnos no entendíamos la pronunciación de la Zeta, Se y Ce.
Ese maestro convocó a un Concurso de Ortografía para demostrar que sí era posible aprender de una manera divertida.
Yo quería ganar todo: el Certamen, el primer lugar y sobretodo la admiración de la guera.
Durante semanas estudié con ahínco. Me aprendí las reglas, me sabía de memoria las palabras que se escriben con J, G, B y V. Me sabía hasta las que llevan diéresis. Todas. Además, preparé una lista con los vocablos más audaces para que le expresaran mi cariño a la rubia. Todo detalle estaba contemplado.
Una noche antes del Evento tan esperado, mi papá tuvo la brillante idea de llevarme voluntariamente a fuerza a que me cortaran el pelo. Pax! Para no hacer el cuento “largo”, fui trasquilado. De tanto pelo que me quitaron, bajé 20 kilos. Fue un duro golpe despedirme de mi cabellera.
Esa noche, no dormí pensando en la pena de mi aspecto, la de un autentico “pelado”.
Para compensar mi “greña”, me probé una peluca de mi hermana, la cual se veía absurda. Luego, me puse un sweater de cuello alto para taparme la nuca pelona, pero resultó ridículo pues era primavera.
Llegué al salón y fui la burla de la clase. Mi imagen de heavymetalero pasó a ser la de un cantante de un trío de los años 50. Nefasto. Ni modo, en fin, así las cosas.
Posteriormente, llegó el maestro y dividió el grupo en la fila de hombres y en la de mujeres. A mí, me asignó el lugar 2 y a la guera el 3. Esto lugares fueron escogidos al azar.
Arranca la competencia. Por cortesía, empiezan las mujeres. Le tocó a Leti. Me escogió, me dictó una palabra y la escribí mal. Siguió mi turno. Le dicté otra y la escribió bien. Pum. Pax, pac. Se acabó.
En un 2 por 3 estaba fura, eliminado. Todo se acabó rapidísimo. Lo que pasó fue que con la rapada, mi memoria falló, se me olvidaron la lista, las reglas, todo lo que había preparado. Lo que iba a decir no lo dije. Me quedé pasmado. Fui mi debut y despedida.
Al instante, caí en una depresión que terminó hasta que el pelo volvió a crecer. En ese lapso de tiempo, se acabó el semestre, y mi total recuperación se completó en un viaje de despedida de Prepa a Acapulco.
Como dato relevante, tenía la apasionada pero incorrecta manía de rayar las bancas del salón de clase. En ellas, escribí el nombre de artistas, músicos y la letra de sus rolas.
Así surgió la idea de mandarle mensajes a la Blondie. En el pupitre más nuevo, anoté mi numero de teléfono, pedí el suyo y le decía: “¿en dónde nos vemos?”
Pero nada, nunca hubo respuesta, nunca habló, nunca marcó una banca para contestarme. A la mejor, el pupitre fue cambiado, despintado o dado de baja.
Debo confesar que sí hablaba con Leti, que sí platicábamos, nos saludábamos y llegué a ir a su casa. En lugar de pedirle el teléfono en persona, me la jugué por la vía banca y perdí.
Años más tarde, pensé que ya había despedido a Leti de mis pensamientos, pero no fue así. Sucedió que en la TV, se puso de moda un comercial a nivel nacional que causó furor y que todo México coreaba. Dicho anuncio fue el de un brandy y decía: “¿Presidente? Obviamente!”
Obviamente! Qué palabra! Fue exactamente la que le dicté a Leti y con la cual me despidió del Concurso. Ese terminó volvió a aparecer con toda la carga emocional de aquel entonces. Que fuerte. Una palabra sumamente inquietante.
Estoy seguro que al ver ese comercial, Letizia se acordó de la competición de esa palabra porque la explicó, dio ejemplos y definiciones. Además, ella fue una de las tres mejores concursantes. Ahora, me acuerdo y me da risa. Y ya.
Con el transcurso del tiempo, pensé que ya le había dicho adiós a la rubia, pero no. Siguió Michael Jackson. Yo escribía su nombre en la banca y lo conocía mucho antes de que fuera un fenómeno mundial, antes de que fuera blanco. Todo mundo conoció su disco Thriller. Estoy seguro que al oír ese disco, Letizia se acordó de la competición porque ella fue fan de los Osmond, quienes fueron los acérrimos rivales de los Jackson. En ese entonces, si la guera me hubiera cantado una rola de despedida, ésta hubiera sido “Beat it”, del Rey del Pop. (Ja ja ja)
Después de muchas primaveras, Michael Jackson fallece. Otro suceso mundial. Otra vez Leti, el concurso, las reglas, todo .Otra vez la despedida que no se quiere despedir. Estoy seguro que al enterarse de esta noticia, Letizia se acordó de la competición y me hubiera cantado la canción “Ben, la rata asesina”, del mismísimo Jackson. (Ja ja ja)
Con todas estas coincidencias, la única que falta por completarse es la de que la guera marque mi teléfono y hable para despedirse, para reírse o para mencionar la canción “Llamé para decir que te quiero”. (Ja ja ja)
Aunque ya pasó mucho tiempo, esta terrible experiencia, me enseñó varias cosas:
1) no debes permitir que nadie te mangonee. Por eso, siempre estoy luchando por los derechos de los niños y de los adolescentes. Le digo a mis amigos, hoy padres de familia, que dejen a sus hijos tranquilos.
2) Debes decir las cosas a su debido tiempo, si no se te revierten y no te dejan en paz por mucho tiempo. Esta fue la única despedida muda.
3) Debes despedir las experiencias desagradables de tu vida para vivir aquí y ahora.

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