Junio de 2007. Crónicas consaguineas: El pueblo Athié de las vacas sin mancha


 
Tú que tienes los ojos como caminos de Dios. Que los tienes como atardeceres en los ventanales de mi casa (ahí, enfrente a los árboles que reciben el viento que llega desde el campo). Tú que tienes los ojos como un Domingo, como uno de esos días esperados desde la infancia, que los tienes poblados de sueños y de cuentos deslumbrantes. Tú que miras con esa lejanía con que se mira las cosas supremas. Tú que tienes los ojos poblados de cielos que los tienes repletos de ansiedad repite esas palabras tenaces –y tan débiles- que llenan las horas sin horas. Muchacha repítelas.
(A una muchacha, Ramiro Tamayo) 

Creí yo que mis orígenes eran árabes, mas resulta que la historia que contaba, a partir del barco que llego a Veracruz, México allá por 1924, llevando a mi abuelo Farid y a mi Abuela Marmar desde Bkasim, Líbano, no comienza ahí, sino en Francia.
Hace poco recibí un mensaje que me hablaba de amores y de mapas, con las coordenadas para llegar a un pueblo francés, que se llama igual que el apellido que llevo desde niña:
– Papá, ¿sabías que existe un pueblo llamado Athié en Francia?
– ¡Carajo, no lo creo!
– Pues ni yo, pero existe
– Con razón mi padre decía que su abuelo salió de Francia para irse a Líbano.
Según me ha contado mi padre ahora, “hay muchos Alejandros en Líbano”, me dice, “por Alejandro Magno. Pues así se llamaba el padre de tu bisabuelo que salio de aquí”.
Había yo platicado ya que Hassib, mi bisabuelo, llego a México huyendo de la guerra y se enamoro de “Meshicana”, luego seguido por Farid, su hijo único, quien vino a mi país a los 6 años a buscar a su enamoradizo padre, y de ahí se sigue la descendencia hasta que nací yo, Laura, la que debió haber sido hombre pero fue niña, hija de Fernando, el menor de los varones de la familia Athié.
Creía yo que llegar a ese pueblo, que no es pueblo, sino “Villa”, sería sencillo, pero no fue así. Pasamos 4 días recorriendo estaciones en Paris, desde la Gare du Nort, hasta la Gare du Lyon, hasta el punto de la histeria.
Cual sería la curiosidad de mi padre que con todo y su cansancio me decía: “Bueno, preguntemos entonces en este otro módulo de información”.  
Nadie sabía del tal pueblo “Athié”, pues resulta que, para empezar, así no se pronuncia:
“Oh… Oh ! Oui, voyla! Athi!… Oui, Ati, no Athié!”…, nos dijo el taxista de la Gare de Avallon, el poblado más cercano a nuestro destino, según nos había indicado un amable señor del modulo de trenes TGV:  
– No (nos dijo, y hasta en español), Athié esta en Borgoña, como ustedes me dicen, pero, ahí no hay estaciones de trenes ni camiones para poder llegar, hay que viajar hasta el poblado más cercano: Avallon.  
El hombre explicó que una vez ahí, tendríamos que tomar o taxi, o bus o caminar, pues sólo había, según él, 9 kilómetros de distancia hasta Athié.  
Compramos nuestro boleto con descuento de Senior, y precio especial por Abril (que en México tiene 5, pero acá 4 años, porque los niños de 4 casi no pagan nada), y nos aventuramos a viajar.
Salimos a las 11:40 de la estación Chatellet-Le Halles hasta Gare du Lyon, con Abril jalando al agüelo y el agüelo jalando a Abril:  
– Mamá, mamá, ¿vamos a ir al pueblo del nombre de agüelo?
– Si corazón
– ¡Apúrate agüelo, corre, corre!… ¡Que vamos al pueblo que se llama como tú!
De Paris viajamos dos horas en el voiture 17, assise 85, 86 y 88, del tren SNCF, línea TGV, sentados frente a un africano de dos metros, un francés rubio de cabello largo y un chico como irlandés que tenía chinos y mas chinos pelirrojos en lugar de cabello.
– Mamá, ¿por qué ese muchacho tiene el pelo de color zanahoria y así peinado?… ¿es un payaso?
– No amor, a él así le gusta, y estate quieta, y no le vayas a jalar el pelo
– ¡Hola muchacho!
– Abril, Abril, ¡ven acá!
– Carajo, este muchacho nos va a romper la cara, dijo el abuelo, con esas greñas se ve muy peligroso
– Hola niña, contestó el muchacho, en ese tono raro que tienen los extranjeros cuando intentan hablar español, eres muy guapa…
– Mamá, mamá… ¿Por qué ese muchacho de cabeza zanahoria habla así?… Mamá, oye, ven, te voy a decir un secreto: todos los muchachos de amoran de mí…
– ¿Ah sí corazón?… ¡Wooow!
– Mira mamá, dile a ese muchacho que yo también estoy amorada de él…
A las 13:40 llegamos a Montbard y tomamos el bus autocar 31638 hasta Avallon, para dirigirnos a Athié.  
Mi padre había planeado que fuéramos en bici, luego en moto, y luego, “mejor no, carajo, vayamos en taxi, nos vamos a cansar mucho”.
Avallon parecía pueblo fantasma, a las dos de la tarde no había nada abierto, ni siquiera la estación. Esperamos ahí intentando convencer a Abril de que no hay vacas sin manchas, pero ella insistía en que sí: “Mamá, yo vi muchas vacas sin manchas, como la vaca mancha del cuento que me cuentas en la casita de México, que vende sus manchas para irse a viajar”.
Estábamos ya algo entusiasmados porque en la ruta vimos un letrero que señalaba: “Athié 1”, así que nos parecía que estaba cerca.  
Por 13 Euros aceptamos subir a un Citroen gris con Pierre, el taxista que se emocionó con nosotros cuando le contamos la razón por la que íbamos a ese pueblo. Mi padre le hablaba en un ingles “very slowly” y Abril decía: “Bon jour, bon jour!”, desde el asiento de atrás.
Yo observaba todo el trayecto con las baguetes de jamón crudo y queso azul que había preparado para lunch en mi bolsa, los sandwiches de pateé francés que han conquistado a Abril, y mi cámara Cannon, cuando vi la evidencia: La villa de las vacas sin manchas y los árboles rojos estaba ahí. Frente a nosotros estaba el letrero del inicio del sitio que sólo habíamos visto por Google Earth.  
Athié es la villa numero 89 del departamento de Yonne, de Bourgogne, Francia. Está como a 3 horas y media de Paris en tren, bus, taxi y a patín. Fue fundado hace mas de 100 años y de sus primeros pobladores no sobrevive nadie, más que la iglesia de piedra de Sacre Jour. Actualmente habitan ahí 121 personas en un territorio de 5 kilómetros cuadrados, así que pudimos recorrer caminando el pueblo de principio a fin.
(http://www.lion1906.com/Regions/bourgogne/Departements/yonne/athie_890022.php)
Desde la Mairie Foyer Communal, donde nos dejó el taxista, pudimos observar a varios granjeros, a una pareja vendedora de cocinas, al guardia del cabildo y a algunos curiosos que asomaban sus rostros a través de las ventanas para ver a los extranjeros mexicanos que caminaban por ahí.  
Athié es un pueblo de casitas de cuento, con puertitas pequeñas del tamaño de Abril y jardines en donde se cultivan las propias hortalizas.
Tras las rejas de madera y las bardas de piedra redonda se miran árboles de cerezas o fresas naturales, gallinas, borregos y vacas vírgenes no pecadoras, extrañas, porque no llevan una sola mancha en la piel.
Las calles principales son anchas pero luego se van haciendo chicas, y luego peatonales y luego de piedra, tan estrechas que sólo cabe un gato gris y Abril corriendo detrás de él:
– Gato, gato, ven, come una cereza conmigo
No encontramos a nadie que hablara español ni mucho menos inglés, pero pudimos platicar con varias personas:
Je sui Mexicaine, elle est mi petit fille, il est mi gran perre… Yo no sabía si hablaba bien o mal pero los granjeros parecían entenderme.
– Dile que somos mexicanos, decía mi papá
– Dile que yo soy Abril mamá, diles mamá, diles
Je’m apelle Athié, ill s’appelle Athié, elle s’appelle Athié. Je sui Mexicaine… Les decía con el pasaporte abierto mostrándoles nuestro origen y tratando de preguntar si sabían de alguien que llevara nuestro nombre y que viviera ahí.  
Los granjeros, la señora de las cocinas y el ex militar de guerra nos explicaron que ya no, que no había ya nadie que se llamara así, pero nos recomendaron que fuéramos a la iglesia que estaba hasta el final de la villa.  
Caminando descubrimos que las ventanas ahí son bellas y que la gente todavía usa pozos manuales para extraer agua del subsuelo.
El sol se metía y salía y se metía cuando nos encontramos con varias cruces de piedra, un sencillo monumento y una barda pequeña levantada en honor aux Enfant d’Athie morts pour la France.
La iglesia repicó las campanas y nosotros nos sentamos a oler el pasado.  
Abril comió cerezas y saludó a las cabras, persiguió gallinas, bailó en cada pozo y le dio la vuelta a las perillas de las puertitas pequeñas de las casas, mientras mi padre me contaba la parte de la historia familiar que no me sé.  
Pierre nos recogió a las 4 de la tarde con una impresión informativa sobre el pueblo y el nombre del jefe de la villa: “Puedo escribirle y preguntarle, si quieren, qué sabe de los habitantes que vivieron aquí”.  
Mi padre y él intercambiaron direcciones y Abril dijo: “Merci, merci… Merci mamá, qué guapo es Pierre”.
Así fue como supe que los franceses conquistaron Líbano y que el bisabuelo de mi padre salió de aquí, ahora me toca averiguar el resto de la historia sobre esta villa y la familia Athié que tanto me apasiona.  
http://maps.google.fr/maps?q=Athie,+Yonne,+Borgo%C3%B1a,+Francia&hl=es&i

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