Historias inolvidables en el salón de clase o de algunos maestros que cambiaron vidas

Porque también hace mucho fuimos alumnas, Corina Lusquiños, desde Buenos Aires y México, Laura Athié, Tejedora de Historias y Fundación SM invitan a que escribas Historias inolvidables en el salón de clase o de algunos maestros que cambiaron vidas


Los maestros no son los culpables de todos los males escolares, existen muchos maravillosos. ¿Tuviste alguna maestra o maestro que cambió tu vida, la de tu grupo o la de tu comunidad?, ¿Por qué rea tan especial?, ¿Todavía vive?… Te invitamos a que escribas su historia cerca de la suya, es muy sencillo, puedes hacerlo de dos formas:
• Escribiendo tu propia experiencia
• Documentando la experiencia de algún maestro o maestra en tu localidad
Sigue estos pasos:

1Escribe en un texto en letra Arial a 12 puntos en doble interlínea, tu historia y la suya, sin importar el grado escolar en el que le conociste.
2Describe tu escuela, en ambiente que les envolvía, las situaciones que tú y él o ella enfrentaban.
3Es muy importante que cuentes cómo su enseñanza marcó tu vida o la vida de la comunidad en la que vives.
  • Tu texto deberá tener una extensión de entre 6 y 12 cuartillas.
  • Acompaña tu historia con una semblanza tuya y del maestro o maestra, no mayor a media cuartilla.
  • Manda una fotografía escolar en alta resolución, en donde aparezca el maestro o la maestra.
  • Envíala antes del 31 de octubre del 2012 a: tejedoradehistorias@gmail.com y/o laathie@gmail.com / clusquinos@gmail.com / comunicación.mx@fundacion-sm.com

¿Cuál es el premio?

La publicación del libro con tu historia. Un jurado elegirá 28 historias que serán publicadas. Los ganadores recibirán 8 ejemplares como pago por derechos de autor y participarán de acuerdo con su localidad en presentaciones y entrevistas.

¿Cuándo te enteras si ganaste?

Las historias seleccionadas se darán a conocer el 31 de octubre de 2012 en:
http://espacio.fundacionpatino.org
http://www.tejedoradehistorias.com
http://www.fundacion-som.org.mx y
http://www.fundacion-sm.com

¿Tienes dudas o comentarios?

Escribe a:
tejedoradehistorias@gmail.com / laathiemail.com
centrocomics@gmail.com
comunicación.mx@fundacion-sm.com

Si tu texto resulta seleccionado se publicará en un libro, parte de una trilogía de historias escolares.


La niña mexicana que casi pierde la razón en la escuela de monjas

Mi escuela secundaria era terrorífica, aunque el resto de mis compañeras eran felices. Saliendo de ahí juré que si llegase a tener una hija jamás la metería a una escuela religiosa. Nada me gustaba, ni siquiera la forma como solían llamarme: “¿Athié?… ¡Presente!”, era la pérdida de mi identidad constante, como en un campo militar. Lamento decirlo, pero yo sólo recuerdo el uniforme gris cuadriculado, los calcetines azules que apretados hasta ahorcar la circulación debimos traer siempre justo debajo de la rodilla, mis pechos que a diferencia de los de las demás compañeras nunca salían o los golpes que durante años me propinó una en el patio de atrás hasta que tuve el valor de defenderme. Para colmo, en esos tiempos era famosa una cinta de suspenso del director Carlos Enrique Taboada, llamada Más negro que la noche, sobre el fantasma de una anciana asesina de gatos igualita a una de las maestras de mi escuela, que atormentaba a varias actrices de la época hasta volviéndolas locas hasta la muerte. Además siendo la de menor edad y estatura, la primera de la lista y la más rebelde, solía convertirme en el punto de atracción tanto para la agresividad del grupo, como para el entretenimiento. Sin embargo, aunque la clase de taquimecanografía jamás me emocionó, fue la maestra, pequeña también como yo, delgada, diminuta, de cabello muy corto y risos rubios pegados al cráneo en una especie de coronilla que parecía aureola, la que definitivamente tocó mi corazón. La maestra Carolina me enseñó que ser de pequeña estatura y distinta a los otros no tiene nada de malo y que así puede enfrentarse la vida. Sin jamás levantarme la voz ni tampoco regalarme caricias, me dio una seguridad impresionante que aún conservo cuando alguien, por increíble que parezca, busca la manera de molestarme. Jamás supe qué sucedió con ella hasta que muchos años después me enteré de su muerte prematura. Usando la máquina Olivetti que cargaba los miércoles emocionada para llegar a clase, hice aprendí gracias a ella mi primer cubre teclado y aprendí a escribir, entre el j-f-j f-j-f innumerables veces sobre la página blanca, lo que verdaderamente soñaba con contar a todos. La maestra Carolina me enseñó a usar las teclas, a hilar las frases, a poner los puntos y las comas, a no mirar el teclado mientras pensaba en lo que escribía, dejándome imaginar para poner en letras mis sueños sin entrometerse. Carolina me ayudó, con su sola mirada y actitud, a encontrar fuerza dentro de mí, aun con el dolor que la separación de mis padres estaba significando en Laura, la niña más pequeña del salón de la escuela de monjas. La encontré muchos años después, por casualidad antes de irme a vivir a Mexicali. Deteniendo su paso en un centro comercial me dijo que me miraba hermosa y que había escuchado por ahí de mis andanzas juveniles, ya ves Laura, lo sabía, dijo, la tuya será una vida maravillosa.

En una escuela de Buenos Aires o de cómo la niña tenía escamas

Para mí, la escuela de monjas fue mi casa, el lugar en el que me sentía como pez en el agua. Estudiar, hacer carteleras, participar en las obritas de dama antigua o astronauta, dominar los códigos de supervivencia, escudriñar los rincones, darle semillas de girasol al papagayo, rezar en la gruta del parque o hamacarme desenfrenadamente en el rincón de juegos, todo fluía en un orden que no me había costado incorporar. Iniciar el nivel secundario de la misma escuela ya no tuvo tan buen gusto y el cambio de colegio, a otro de monjas por supuesto, fue abrupto. Allí fui alumna, no era mío, mío como el de la escuela primaria. Sin embargo algunos profesores dejaron huella. Entre ellos, mi querida Alicia, profesora de Física y Química. Fuerte, decidida, aunque con una salud endeble, preparaba sus clases con una rigurosidad que me hacía sentir que estaba un poco más allá de la escuela. La prácticas de laboratorio, los gráficos, las mediciones… Era de esas maestras a las que daba no se qué ¨no estudiarle¨, porque se dedicaba tanto. Una mañana, producto de haberme tragado una buena dosis de ácido clorhídrico en el laboratorio, luego que mis compañeras me hicieran reír justo cuando tenía que recoger con la pipeta diez cm3 de esta sustancia, Alicia entre estupefacta, enojada e impotente corrió por leche, me acompaño durante el reposo y me llevó a mi casa en su propio auto. Así era de dedicada. Durante el viaje, y alternando con sucesivas preguntas sobre cómo me sentía, comentamos lo bien que nos encontrábamos en el colegio, el buen clima escolar, el nivel de enseñanza, el compromiso de los profesores pero como para terminar, luego de un silencio me dijo ya llegando a casa: ¨¿Sabés qué? Es bueno dedicarse pero no obsesionarse, porque la vida en realidad pasa por otro lado¨. Para mí, Alicia era una autoridad, se había ganado mi respeto más íntimo, por su forma de ser, su rectitud, su honestidad, su dedicación, su capacidad para despertarnos el interés por los temas químicos más áridos. Es por eso que quizás nunca olvidé su frase, que la desviaba de su impecable línea de conducta, aunque tardé en entender que en lugar de desviarla, era el corolario de su propia experiencia que generosamente compartía conmigo. Hace mucho que ya no está entre nosotros pero su frase me quedó como un principio, como un legado, que no sólo está fresco en mi memoria sino que traté de transferir luego al trabajo, la mayor parte de las veces sin éxito.
– ¡¡Lusquiños!!
– Presente profesora Alicia, ¡presente!


¿Quiénes son Laura y Corina?

Corina S. Lusquiños Asúa. Buenos Aires. Esposa, Madre de tres rugbiers, Consultora Educativa y Especialista en Gestión y Conducción de la Educación. Obtuvo su título de grado en Educación en la Universidad de Córdoba (UNC) y la maestría en la Universidad de San Andrés, Buenos Aires. Tiene formación de posgrado en Estadística (UNC) y en Políticas Educativas (IIPE-UNESCO). Ha sido docente universitaria y se ha formado como investigadora en la Universidad Nacional de Córdoba, con beca de la actual Agencia Córdoba Ciencia. También ha coordinado Proyectos en el Ministerio de Educación de la Nación, ha sido consultora de Redetis-IIPE-UNESCO, y se ha desempeñado en organizaciones públicas y privadas. Actualmente es consultora y coordinadora del Proyecto de Gestión Escolar para la Mejora de los Aprendizajes en UNICEF Argentina, asesora educativa en la Dirección de Investigación y Desarrollo de la Fuerza Aérea Argentina, y participa en una investigación respaldada por la Universidad Nacional de Córdoba y financiada por la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Nación.
Laura Athié. Ciudad de México. Orgullosa madre de Abril. Cachanilla por convicción. Coordinadora Sub Nacional en UNICEF-México. Especializada en difusión de políticas educativas. Comunicóloga por la Universidad Autónoma de Baja California y Maestra en Política Educativa por el IIPE-UNESCO-ONU, París, con estudios de posgrado en el IIPE-UNESCO, Buenos Aires y FLACSO-México; así como de educación infantil, paidología y periodismo. Ha sido articulista, periodista, fotógrafa, editora conductora, productora y guionista de televisión cultural, universitaria y comercial. En 2007 publicó: Robótica: los jóvenes que se atreven a hacerla en México, Colección TKE?, Ríos de Tinta y en 2011 el primer resultado del proyecto Tejedora: De cómo cocinaban las abuelas, 29 vidas en diferentes siglos, sus amores, rutas de migración y sazón en palabras de nietos y nietas, contadas desde México, Argentina, Estados Unidos y Chile. Escribe gracias a las historias de su padre, de quien heredó mirada árabe y fantasía. Tras 14 años como funcionaria estatal y federal en temas educativos y culturales, deja de escribir su historia para tejer las aventuras de los otros. Cree que toda vida merece ser contada. Aunque públicamente trabaja en oficinas, mantiene una lucha silenciosa y constante en favor de la memoria. Por eso es la Tejedora de historias.
Tejedora de historias / www.tejedoradehistorias.com
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