El Desencanto

Por Zokally Trejo

El entró con ella, y entonces lo supe. Supe que mi teoría era cierta. El no estaba solo en la vida. El entró con ella y me dolió un poco. Nunca lo había visto caminar tan orgulloso. Nunca vi una chispa tan brillante en sus ojos.

Yo había estado fascinada con él durante las últimas tres semanas, desde la primera vez que lo vi. El entró en la sala, tarde como siempre. Yo supe instantáneamente que había más de él bajo ese exterior descuidado. Supongo que se podía decir que él era bien parecido, pero probablemente era una belleza que sólo yo podía ver. El tenía algo que yo simplemente no podía describir. El parecía inteligente, sabio más allá de sus años, como si hubiera vivido más que el resto de nosotros.

A mi me gustaba imaginar qué le diría si alguna vez le hablara, me gustaba imaginar de qué cosas conversaríamos. Yo imaginaba que le diría algo interesante, algo que lo sorprendería y entonces él me encontraría fascinante. Cada vez que yo repetía ésta fantasía en mi mente, como una película que había visto muchas veces, terminaba regresando a la realidad, pensando que no había manera de que él estuviera en éste punto de nuestras vidas sin alguien en la suya, seguramente yo no podía ser la única mujer que hubiera intentado impresionarle. Hoy tuve la certeza de que alguien más no sólo lo había intentado, sino que había tenido éxito.

Ella entró en el recinto con él, un poco tímida pero no insegura. Ella era completamente hermosa. Inmediatamente entendí porque su cara se iluminaba como lo hacía. Ella era simplemente preciosa y pude darme cuenta que no era nada tonta. Tenía cabello rubio y rizado y mejillas naturalmente rosadas. Ella era la clase de persona a la que todos querían agradar. Y en ese momento quise convertirme en su mejor amiga, para ayudarle y aconsejarle cuando tuviera problemas con ella. Viéndola, ahora, comprendo que ellos tendrán problemas tarde que temprano. No habrá manera de que los hombres se mantengan alejados de ella.

A lo largo del día me mantuve cerca de ellos como por casualidad. No dije nada, pero esperaba algo, no se bien qué, solo algo. Pensé que tal vez él me presentaría con ella pero no lo hizo. Entiendo porqué. El y yo realmente no hablábamos.

Finalmente, lo vi irse con ella, y sentí una cálida ternura dentro de mí, cuando vi que el le abría la puerta del coche.
Me distraje un momento en medio de la gente, y cuando menos lo esperaba su coche pasó frente a nosotros.
Y entonces la vi a ella, en el asiento del copiloto.

Y simplemente supe que él y yo nunca estaríamos juntos. Yo nunca podría estar con alguien que colocará su más preciado tesoro en un lugar inseguro.

¿Qué acaso no era ella la luz de sus ojos? ¿Acaso no sabía el que los niños menores de siete años deben ir en el asiento trasero del auto?

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